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TAL Y COMO ES

La comunicación, las relaciones, nuestra actitud, predisposiciones... ¿Nos aceptamos tal y cómo somos? ¿Los aceptamos tal y cómo son?

TAL Y COMO ES

Estamos acostumbrados a la vida en sociedad, la gran mayoría de las personas tenemos nuestras agendas llenas de compromisos y si no, desearíamos tenerlas. Tal es así en la cultura occidental que para equilibrar, cada vez es más frecuente la meditación o el mindfulness; podemos encontrar secciones repletas de libros de autoayuda e inteligencia emocional en librerías, y también en Internet hay muchas páginas que nos animan a observarnos, a disfrutar del momento presente, aquí y ahora. Escuchamos hablar de soltar todo aquello que no necesitamos, del desapego, vaciar nuestras mochilas de cargas innecesarias, como las preocupaciones por lo que pueda llegar a pasar en un futuro hipotético, -ya que todo futuro lo es -, o lo que ya pasó y no podemos cambiar.


Muchas, sino todas estas cosas son muy ciertas y muy útiles, sin embargo nos encontramos con unas dificultades mayúsculas, como en los casos “no soy capaz”, o “me faya la voluntad”. También las hay del tipo de “sé que la meditación me traería muchos beneficios, pero no es para mí… Tengo mucho mundo interior” -la mayor parte de las veces, en más de un 90%, lo que se tiene es ruido mental ¿Cuántas veces puedes repetir el mismo pensamiento a lo largo del día? -. O “me doy cuenta de que la que se inquieta o el que se enfada soy yo, pero es que a fulanito ya le vale, también él podría hacer algo por ayudar”.


Lo cierto es que con asiduidad pasamos más tiempo en el pasado y en el futuro que en el presente. Podemos sufrir por cosas que ya han ocurrido y que no podemos cambiar. A veces luchamos a brazo partido manteniéndonos en una agitación constante contra un recuerdo, o desde el victimismo no dejamos de culpabilizar a otro u otros, como si al convertirnos en su perseguidor no convirtiésemos a nuestro oponente en víctima, que con más o menos razones nos sigue viendo como enemigo o contrincante.


Preocupados por lo que ya fue o por lo que esta por venir, parece que todos los argumentos son validos para escapar de la realidad y no aceptar las cosas tal y como son.


Cuando estamos atrapados en el global nos preocupa más el concepto que tienen los demás de nosotros mismos que de lo que sentimos. Y me refiero a lo que sentimos en relación a nosotros mismos, en el momento presente, y es tan fácil mirar por la ventana al exterior, y complacernos con las opiniones que nos provoca lo que vemos, que nos olvidamos que quien lo piensa somos nosotros mismos, por lo que si bien no somos lo que vemos, si tenemos mucho que ver con “cómo lo vemos” -Realmente hacernos responsable de esto en más de una ocasión nos saca los colores -.


Mantener el silencio, sin juicio alguno respecto a lo que vemos, simplemente aceptando que así es, puede resultar una tarea estoica, sobretodo porque no nos aporta tanto el hacerlo con los ojos cerrados y alejados del mundo; ese solo es el principio. Lo que hace que encontremos nuevas formas de pensar que nos favorezcan, es llevar esa experiencia a nuestra vida cotidiana, cuando estamos con nuestros compañeros, amigos o familiares, y cuando estamos a solas también.


A donde intento llegar es a lo que Berne explicó como Intimidad. Dice Thomas A. Harris al respecto:
“La intimidad pasa a ser posible en una situación donde la ausencia de miedo facilita la plenitud de percepción, donde la belleza puede contemplarse sin tener en cuenta la finalidad, donde el afán posesivo resulta innecesario gracias a la realidad de la posesión”.
Y pone un ejemplo: El olvido de una fecha de de aniversario no provoca ninguna catástrofe en un matrimonio en el que existe una verdadera intimidad, y si la provoca a menudo cuando la relación solo existe en virtud de un ritual.


Dudo de la existencia de una fórmula perfecta que sirva para todos. Cada uno de nosotros aprende a relacionarse de una forma determinada por la vivencia de los primeros años de la infancia, de lo que recibe del entorno más cercano, de la familia, adoptamos creencias, comportamientos…, y en base al total de las experiencias decidimos qué nos resulta más útil y satisfactorio. Como en una receta alquímica ponemos las cantidades de ingredientes que creemos convenientes. De lo que no cabe ninguna duda es que cuanto mayor sea el grado de “intimidad con la vida, con uno mismo y con los demás”, mayor será la recompensa, el placer de estar vivo, y también serán mayores los logros personales y sociales que obtendremos.

                                                                                                   Gloria Allegue.

Terapeuta.

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