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LAS DECISIONES EN LA VIDA

¿Por qué tomamos decisiones que no somos capaces de ejecutar? El peligro de crecer, de salir de la zona de confort.

LAS DECISIONES EN LA VIDA

Hay momentos en la vida en los que nos debatimos entre hacer lo que queremos, lo que creemos, y lo que nos dicta nuestro fuero interno para seguir adoptando hábitos o acciones que deseamos; lo tenemos claro y sin embargo terminamos adoptando o sometiéndonos a conductas que nos llegan desde otra u otras personas o grupos. Todos nos hemos preguntado más de una vez: ¿Por qué hago esto si a mí no me gusta o me siento incómodo? No se trata de que lo que tú sientes sea malo para ti, ellos o nosotros; se trata de que sucumbas a las preferencias de otros por complacer. (Puede que te resulte familiar expresiones como: a veces es mejor perder, o clavo que destaca lleva martillazo, etc.…)


Este priorizar las preferencias de nuestra familia, grupo de amigos o grupo social más cercano por ejemplo, tiene una ganancia clara y valiosa: Nos aceptan si cumplimos con sus ideales, que con frecuencia sentimos como dictámenes. Como contrapunto, en muchos casos nos traicionamos a nosotros mismos, pagamos un precio que no siempre compensa y nos cuesta mucho identificar el motivo de porque somos contradictorios (en realidad nadie nos ha pedido explícitamente ese sacrificio en muchos casos). Hay infinidad de casos y cada uno de ellos es diferente, el inconsciente de cada cual nos protege según la experiencia de cada quien y la herencia que haya recibido. Nadie tiene la respuesta de otro, pero si podemos descubrir qué juego de manipulación nos atrapa, cuales son las creencias que aceptamos como propias para sobrevivir, o cómo quedamos atrapados en diferentes emociones para recibir la recompensa de la aceptación (incluido el opuesto, ya que el rechazo o la indiferencia también son otras caras de la pertenencia). Estos comportamientos los adquirimos en nuestra primera infancia y los repetimos de manera automática esperando encontrar la solución a nuestros problemas.


Lo que nos genera el conflicto por el cual nos negamos a ser, hacer o tener aquello que deseamos, tiene un primer impedimento desde un sentimiento arcaico de pertenencia que nos garantiza el poder sobrevivir.


“La primera gran necesidad humana, la que asegura la supervivencia del clan y por ende de la especie, es la necesidad de pertenencia. El sentimiento genuino que impulsa toda nuestra vida y que se esconde detrás de todos los demás sentimientos, es el amor y su corolario: el miedo a ser rechazado, a no pertenecer. Este amor garantiza nuestra pertenencia”.
                                                                           Brigitte Champetier de Rives

Y también nos encontramos ofreciendo resistencia a lo que deseamos porque todo aquello que nos da la pertenencia nos hace sentir bien, es estar en la buena conciencia y en la calma. Mientras que por el contrarío, alejarnos de lo establecido por el clan/grupo social/ profesión nos lleva a la mala conciencia, a la culpa de ser diferentes, a alejarnos (exponernos al peligro).
Podemos recordar que hasta hace unos siglos el castigo peor que la muerte era el destierro, y en algunas culturas aun está vigente el repudio.

Tampoco necesitamos llegar al extremo del ejemplo para encontrar que ahí está un obstáculo con el que tropezamos con mucha frecuencia, ya que nos afecta directa o indirectamente en muchas de nuestras decisiones. Cuando trabajamos de manera consciente nos damos cuenta de que esa culpa en realidad es un buen síntoma, es la forma de identificar el peligro. Por eso es tan difícil salir de la zona de confort, quedamos expuestos y sin protección ante lo desconocido. Crecer tiene muchas ventajas, pero hay que arriesgarse.

En realidad está ahí la solución, está en observar esas emociones y esas actitudes desde otra óptica para poder transformar lo que se ha convertido en un problema. La china de nuestro zapato de hoy fue una solución en otro momento, por lo que en sí misma no es perjudicial, solo es dañino mantenerla en el tiempo como si nos siguiera aportando el mismo beneficio.
Nos dice Bert Hellinger respecto al derecho a la pertenencia en su libro “ El amor del espíritu un estado del Ser”:


“La conciencia de grupo les concede a todos el mismo derecho a la pertenencia, y cuida de que a todos los que formen parte también se les reconozca este derecho a la pertenencia. Es decir, vela por el vínculo en un sentido mucho más amplio que la conciencia personal. No conoce excepciones, tampoco en el caso de asesinos de miembros del propio grupo. También ellos todavía siguen perteneciendo”.


Es muy importante que consciente e inconscientemente sepamos que ya no corremos ese peligro y esa solución ya no es la que necesitamos y que podemos pertenecer igualmente aunque cambiemos nuestras creencias, aunque no tengamos esa actitud común con nuestro grupo de amigos o familia. Tenemos el poder de decidir, cambiar y mejorar… nada de esto tiene porque hacer que nuestra pertenencia sea menor, y sin embargo si podemos ser más felices y facilitar la convivencia con nuestro comportamiento.


                                                                                                             Gloria Allegue.

 

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