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HOY, EMOCIONES

Podemos afirmar que el fin último de las emociones es ayudarnos a ser pragmáticos

HOY,  EMOCIONES

Somos una máquina perfecta, y tan compleja que está preparada para adaptarse a cualquier circunstancia. Para este fin tan noble tenemos varios recursos muy útiles, como por ejemplo el modo automático, de forma que cuando estamos caminando no vamos pensando en cómo se mueve cada músculo de modo eficiente para que cada uno de nuestros pasos nos ayude a avanzar; de hecho, si nos paramos e intentamos que cada movimiento del paso sea decidido desde nuestra mente, es muy posible que nos tambaleemos; esto pasa de igual manera al escribir, al conducir, … prácticamente todas nuestras actividades cotidianas las podemos hacer en automático, sin darnos cuenta de sucesos que pueden ser relevantes si les damos la oportunidad. Por ejemplo, está muy bien escribir sin fijarnos en el movimiento de los dedos al pulsar cada tecla, sabemos donde esta cada una de las letras en el teclado, ponemos las manos sobre él y según pensamos las palabras que queremos transmitir, los dedos se van moviendo acertadamente. Cuanto menos pensamos en las teclas y dejamos fluir los pensamientos y las pulsaciones, más rápidos somos, y esa velocidad nos permite pensar y plasmar nuestras ideas de forma fluida. Ese es nuestro propósito muchas veces, pero también tenemos el talento para darnos cuenta de estas habilidades y disfrutar de ellas.


Podemos bailar, correr, hablar, amar, trabajar… en algún momento de nuestra historia personal hemos aprendido a hacerlo y después lo hacemos cada vez con menos esfuerzo, ya no nos sorprende, nos olvidamos de que cuando aprendíamos nuestros padres nos alababan, aplaudían cada palabra, cada paso, cada acierto, pero con el paso del tempo al dejar de ser novedoso cae en el saco de lo anodino, insulso, nos deja de asombrar que la vida sea un milagro, que la comunicación sea prodigiosa, que las emociones nos lleven desde la sensación más maravillosa a la más dolorosa… hemos aprendido a hacerlo y lo único verdaderamente importante, biológicamente hablando, es sobrevivir, estar seguros en nuestra zona de confort. Nuestro organismo y nuestra mente utilizan todos los recursos disponibles a su alcance para lograrlo.


El caso es que muchas veces nos paramos, reflexionamos lúcidamente y nos damos cuenta de que no tiene sentido estar usando de la misma forma hoy las emociones que cuando éramos chiquillos. Por un lado es verdad que lo que nos fue útil una vez puede seguir teniendo una validez, pero no siempre es así. A pesar de ser adultos podemos estar viviendo las mismas emociones que cuando éramos pequeños, el amor sigue siendo amor, la alegría sigue siendo alegría, la tristeza es tristeza… Cuando aprendimos a hablar solo por el hecho de que nos entendieran no dejamos de perfeccionar nuestro vocabulario, la pronunciación, el énfasis, la entonación… aprendimos a escribir y mejoramos la caligrafía y la gramática, aumentamos nuestro vocabulario, y es posible que hayamos aprendido a hacerlo en más de una y de dos lenguas, ¿por qué no hacer lo mismo con las emociones?


La educación emocional es bastante precaria, son muchas las personas que no saben de donde surgen sus emociones, cómo las racionalizamos desde el neocórtex y nos afianzamos en la vida desde ese sentir, hasta que una circunstancia mayor nos muestra de forma grave o impactante que nuestros recursos son limitados y algo no va bien. Por ejemplo, es muy interesante saber que las denominadas emociones primarias, o productivas son las que nos facilitan una verdadera adaptación a lo que estamos viviendo en ese momento. Cuando no lo conseguimos, cada vez que nos encontremos con una situación que nos ponga en un brete similar, al tener esa emoción primaria bloqueada lo hacemos desde una emoción secundaria o improductiva, ya porque en nuestro entorno –infantil - la primaria no es bien vista y la sustituimos por una adoptada, que nos da la gratificación del reconocimiento, o porque acercarnos a la emoción bloqueada supone aproximarnos a un trauma y lo evitamos, por ejemplo. Otra de las posibilidades que hacemos es juntar distintas emociones frente a una determinada circunstancia, igual que los alemanes cuando no tienen un vocablo para definir algo y lo solucionan juntando varias palabras; el caso es que nos resulta difícil identificarlas y terminan por convertirse en un problema, como en el caso de la irritación, el rencor, la vergüenza o la culpabilidad; esta última por ejemplo la forman la rabia, el resentimiento y el miedo.


“Estar en el presente es la meta, fuera del presente no hay nada, sino estamos en el presente nos perdemos la vida”.
Brigitte Champetier de Rives.


Cuando vivimos desde las emociones primarias o productivas vivimos en el presente, esa es su función principal: ayudarnos a aptarnos al momento exacto que estamos viviendo. También así aprendemos a distinguirlas.

 

                                                                                           Gloria Allegue.

Terapeuta.

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