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EL NARDO

El aceite de Nardo en la Aromaterapia, uno de los grandes aliados en los procesos emocionales.

EL NARDO

El aceite de Nardo, Nardostachys jatamansi, fue considerado desde la antigüedad como uno de más valiosos, una de las esencias más sagradas, tanto desde el punto de vista espiritual como medicinal.

Ya se menciona en “La Ilíada” de Homero, cuando fue utilizado para perfumar el cuerpo de Patroclo de Aquiles. Los egipcios veían al nardo como un gran lujo, y los romanos lo usaban como un caro perfume.

En hebreo la palabra nardo significa “luz”. Por su carácter real, formaba parte de los bálsamos sagrados de los hebreos, que además lo usaban para consagrar a reyes y sacerdotes.
En la Biblia es mencionado al menos 3 veces, según explica Héctor Gambís en su manual de los aceites sagrados de la Biblia”, en la unción de Jesús Cristo; dos días antes de la Pascua en casa de Simón el leproso, otra seis días antes, y la última antes de ser arrestado para ser llevado a la cruz, quizá para prepararse para la ordalía. El coste de este perfume era tan caro que María, la hermana de Lázaro es reprendida por Judas de que use un aceite tan valioso para ungir los pies de Jesús. Jesús le responde: “Dejadla en paz. Ella ha estado guardando este perfume para el día de mi sepultura”.
Es realmente interesante la historia de ese aceite en concreto,…según el Evangelio Árabe de la Infancia… Según la usanza judía, Jesús es circuncidado a los ocho días de nacido (Lucas 2:21). El Evangelio árabe de la infancia, de alrededor del siglo VII, completa la historia de este episodio:

Se lo circuncidó en la caverna, y la anciana israelita tomó el trozo de piel, y lo puso en una redomita de aceite de nardo viejo. Y tenía un hijo perfumista, a quien se la entregó, diciéndole: Guárdate de vender esta redomita de nardo perfumado, aunque te ofrecieran trescientos denarios por ella. Y aquella redomita fue la que María la pecadora compró y con cuyo nardo ungió la cabeza de Nuestro Señor Jesucristo y sus pies, que enjugó en seguida con los cabellos de su propia cabeza. (Cap. V).
Es María Salomé, una de las tres Marías que acuden al sepulcro y descubren que ya no está Jesús, la vieja partera a quien había sido entregado en custodia la redoma con el aceite de nardo.

Parece incluso más interesante el hecho de ungir cabeza y pies, al aludir a la unión de cielo y tierra, primer y séptimo chakra, ascender a la santidad viviendo la más grande humildad; como explica Héctor Gambís, relacionarnos con la parte eterna de nosotros mismos, más allá de la rueda del karma, más allá del ciclo de ilusión y sufrimiento. Ayudarnos, en el camino espiritual, a la rendición, a través de la serenidad y humildad, el poder de la devoción en dicho camino. “Esto es necesario y tiene que ser así”.

La iglesia romana lo consideraba como el símbolo de la humildad por excelencia. En la India, jatamansi significa “espíritu encarnado”. Durante el renacimiento era una flor prohibida a las mujeres jóvenes porque se creía que su aroma embriagaba y adolecía las voluntades. Además de las múltiples indicaciones físicas ya conocidas, el aceite de nardo armoniza el sistema neurovegetativo, tranquiliza y proporciona fuerza y valor en caso de miedos, tensiones nerviosas, ansiedad, inestabilidad emocional, fobias, etc. Ayuda a la persona a centrarse y hacerse cargo de sus responsabilidades, pero con gran tranquilidad y paz interior. Propugna que la persona se abra a lo que debe vivir y deje de encerrarse en sí misma, aceptando lo que le toca, lo que ha elegido vivir.
Muy útil para acompañar a una persona en sus últimos días, reconfortando también a los que se quedan (por ejemplo en sinergia con la rosa y el incienso sagrados). Indispensable para soltar y seguir el camino, para afrontar duelos,…
Ahuyenta la frialdad, permitiendo la verdadera expresión de los sentimientos. Libera el corazón y la respiración, de viejos sufrimientos y rencores, o cuando están bloqueados por la angustia y la pena.
Aumenta la energía sexual y la canaliza estimulando la unión.
Puede infundir tranquilidad en un ambiente muy cargado, incluso con energías densas, más o menos “apreciables”, pero que nos afectan al bienestar y al sueño nocturno.
Y por último, un gran aliado del terapeuta emocional, ya que posibilita a la persona aceptar y hacer frente a su realidad para afrontar la terapia y trascenderla, evolucionar de forma tranquila y en paz, y aceptar abrirse a un camino que puede resultar más o menos duro, pero necesario para VIVIR.


Juan Carlos Rodríguez Lista

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