Blog

DEFECTOS

La misma actitud que tenemos en los momentos difíciles es la que nos permite o priva de disfrutar los días felices.

DEFECTOS

Estos días estuve recordando la tía-abuela Paqui. Era una mujer valiente, cariñosa e infatigable, se hacía querer con facilidad. Pero ahora que hace años que ya no está, cuando comentamos sobre ella termina saliendo casi siempre uno de sus defectos más visibles. Desde que tengo uso de razón la vi comer con los dedos, sorbiendo la sopa ruidosamente, chupando los huesos…; a veces manchaba servilletas al limpiarse que quedaban a su alrededor como la frontera de un territorio en guerra. Ella, como todos los adultos, cuando compartíamos la mesa durante mi infancia, nos recordaba que era muy importante ser educado en todo momento y cuidar los modales, ser correctos y considerados. Cuando crecí, observaba sus formas durante las comidas y un día le pregunté - igual que otros lo habían hecho antes-, ¿Por qué no evitas hacer esos ruidos y mancharte las manos, por qué no usas siempre los cubiertos? Ella se reía y explicaba: Aquí hay confianza, puedo disfrutar de comer como me gusta, esto no lo haría con personas desconocidas o en un restaurante. Parece que la pregunta brota sola, y aunque no sé si alguien se lo dijo alguna vez, muchos lo pensamos: ¿Qué clase de confianza es esa que amortigua la visión y el sonido de lo que estas masticando? O ¿Acaso no es más un afán desmesurado por la comida que placer? Pero claro, por educación, nunca se dijo abiertamente. Con los años fuimos algunas veces a comer fuera, se le escapaba esa forma que tenia de “disfrutar” de la comida. Cuanto más mayor se hacía, menos se esforzaba por cumplir las normas básicas en la mesa, da igual la compañía o el lugar. Ya nadie le decía nada, algunos ancianos tienen la indulgencia de la ternura, y defectos los tenemos todos. Cuando le gustaba un plato cambiaba la etiqueta y el saber estar por ese comer en “confianza”.


Repetimos aquello con lo que nos sentimos cómodos, creamos argumentos muy convincentes para seguir haciendo lo que nos gusta. ¿Es esto vanidad? Ese salirnos con la nuestra, con justificar nuestras pequeñas o grandes debilidades, es un denominador común entre humanos que con frecuencia divide, no multiplica.


De la misma forma que podemos justificar las debilidades de mi tía-abuela, ¿también lo podemos hacer con aquellos que viven el enfado, el miedo, la desconfianza, la avaricia,…? Lo que consideramos defectos ¿nos atañe sólo en los momentos de peligro o dificultad? ¿nos priva de tener más oportunidades de ser felices?


De hecho, aquello que más mostramos en nuestra personalidad suele esconder un trauma o un duelo sin resolver. Para muchos puede ser más o menos fácil encontrar el hilo del que tirar cuando se preguntan cuál es la emoción que no se permiten, o cuál es la emoción que no soportan en los demás. Esa es, eso es lo que consigue que con tanta frecuencia muestres tu dolor a través de esa otra emoción que en tu infancia era permitida en tu entorno, o simplemente pudiste expresarte a través de ella. Tomar las riendas de nuestras vidas pasa por aceptar nuestras limitaciones, pues tan solo aceptándonos tal y como somos, podremos cambiar esos malos hábitos que nos impiden disfrutar de ser, de estar vivos.


Muchas veces parece inofensivo, ¿Quién no tiene defectos? Pero igual que mi tía-abuela priorizaba su “disfrute” por la comida a lo que piensen o sientan el resto de comensales - o, podríamos decir igual que la tía-abuela Paqui justifica su ansiedad por la comida y es desconsiderada con los que comparten con ella mantel-, todos enfrentamos nuestras debilidades como podemos, y eso no tiene distinción o selección de momentos. Una comida familiar, relajada, con las risas de los niños, con adultos que te ven con ternura y sonríen tus “manías”, no parece un entorno hostil en el que no puedas controlar la ansiedad,… pero ocurre. Igual que ocurre que te pierdas momentos maravillosos porque tus miedos no te los dejan ver, o dices que no a oportunidades de realizarte porque desconfías de la mano de la que viene la oportunidad, o quizá desconfías de tu propia valía… (Aplicable según el caso, cada cual que lo lleve al terreno que pretende abonar para plantar algo distinto). Simplemente nos justificamos, generamos unas creencias y compartimos otras quedando atrapados ahí hasta que nos damos cuenta de ello, y sin querer negarlo o disminuirlo, lo aceptamos y decidimos que ahora si podemos cambiar.

Sobra decir que yo nunca traté como profesional a la tía Paqui, pero sé que al igual que otras muchas personas de su edad paso mucha hambre en la época de la guerra y posguerra, el miedo a no tener que comer pudo quedar grabado en su comportamiento como defecto. Esa ansiedad por la comida en su momento tuvo sentido, fue útil y sin embargo en algún momento pudo “disfrutar de manjares” sin ansiedad y coherente con sus principios de educación. El caso es que está en nuestras manos mejorar nuestras vidas, y por ejemplo para dejar de enfurruñarte lo primero es aceptar que te enfurruñas y después decidir lo que harás en vez de eso. De nada sirve culpar o encontrar excusas… no te justifiques, sea lo que sea que te impide gozar de lo que estás haciendo en el momento que lo haces, de forma respetuosa con quien lo estés haciendo. Decide… y después ya se verá si puedes hacerlo o que hándicap has de superar para conseguirlo.


Todos podemos conseguirlo, y si no sabes cómo solo has de preguntar.

 

NUESTRAS FORMAS SOLO SON UNA PEQUEÑA PARTE DE NOSOTROS.

 

                                                                                              Gloria Allegue - Terapeuta.

 

  • Y también podemos cantarlo, o escuchar como lo hace India Arie:
  • https://youtu.be/JTSRRbajvxk

 

 

 

¡Acércate a conocernos!
Contacto
Esta web emplea cookies. Si continúas navegando entendemos que aceptas nuestra Política de cookies.