Equipo Mesana

Alejandra Domínguez Huertas

Alejandra Domínguez Huertas

Consteladora

Es un placer para mí poder hablaros hoy acerca de las constelaciones familiares y mi experiencia con ellas. Como cualquier proceso, pasé por varias fases hasta alcanzar el nivel de consciencia en el que me encuentro en la actualidad con respecto a esta terapia emocional, la cual considero una filosofía de vida.

Mi primer contacto con las constelaciones fue hace ya más de ocho años, pero la verdad es que no fue un flechazo. La primera charla a la que asistí no me convenció demasiado, es más, salí de allí más bien espantada. Estaba claro que no era mi momento, ya que aquellas ideas no me habían traspasado.

Algo más tarde, retomé el contacto con las constelaciones a raíz de una de esas sacudidas que te da el destino. Con el tiempo se fue mitigando el dolor y entendí que tan solo era una forma que tuvo la vida de darme un toque de atención para cargar las pilas y así, me sentí preparada para conocer esta terapia emocional más a fondo.

Asistí a multitud de talleres de constelaciones, uno por mes. Cada uno de ellos me entusiasmó más. Estaba realmente maravillada con las constelaciones y los conceptos, esta vez sí, que me traspasaban; sin embargo, no sucedía el milagro esperado. Mi vida continuaba igual, nada cambiaba y no llegaba esa solución fácil, rápida y esperada a todos mis problemas.

Por eso tomé la decisión de iniciar la formación, mi objetivo era acelerar el proceso y obtener resultados reales. La paciencia no estaba siendo mi virtud. Dos años de constelaciones y formación fueron suficientes para que se agotase mi paciencia. Indignada, volví al punto de partida cero y abandoné pensando que no estaba hecha para eso o eso no estaba hecho para mí.

Tras un año de continuas reflexiones, exenta del mundo de las constelaciones y desde la más pura consciencia, descubrí que era presa de mi mente y entendí que no había comprendido absolutamente nada. Mi actitud juiciosa y quejica no estaba ayudando con respecto a esa búsqueda de soluciones que había emprendido hacía unos años.

Y se dio al fin la transformación en mí y desde entonces veo la vida desde otra perspectiva.

Comencé a ser consciente de que la única que puede manejar mi vida soy yo, ya que soy la absoluta protagonista de ella. Soy responsable de lo que me pasa a mí y de la actitud que tengo yo con los demás o conmigo misma.

Puedo elegir y, de hecho, elijo, si en lugar de usar la crítica o el juicio, actúo, o en vez de sentirme una víctima, me responsabilizo de lo que me sucede, o en lugar de culpar a los demás de mis males, los acepto tal y como son, aprendiendo a respetar sus ritmos y sus ideas.

Es de vital importancia aceptar la vida con sus momentos buenos y sus momentos malos y adaptarnos a ellos. Debes saber algo: todo es perfecto tal y como es y no todo hay que comprenderlo.

Una vez que esta terapia emocional te ha calado las entrañas, no podrás entender otra filosofía de vida. Encontrarás en las constelaciones familiares la llave a la felicidad, a la paz y a la libertad. Por eso me encantaría compartir con los demás toda la liberación que las constelaciones me han aportado.

Es un camino de crecimiento personal por el cual todos debemos caminar para alcanzar la paz interior. Bert Hellinger o Brigitte Champetier son dos importantes referentes de los cuales podrás aprender mucho acerca de esta terapia emocional que tanto me ha dado a cambio de tan poco.

Para despedirme, solo quiero agradecer que todo sea como es: perfecto, sin más, solo por ser.

“Quien mira hacia fuera sueña, quien mira hacia dentro despierta.“ C. G. Jung
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